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9 de julio de 2026

D.W. Griffith: El Arquitecto de Hollywood y la Sombra que Jamás lo Abandonó

 

El hombre que le enseñó al cine a hablar

en sus inicios las películas eran solo una cámara fija grabando a actores de teatro en un escenario. Sin primeros planos para ver una lágrima, sin cortes trepidantes en una persecución, sin la majestuosidad de un paisaje épico. pero fue un hombre, David Wark Griffith, quien tomó ese balbuceo visual y le enseñó un lenguaje completo. D.W. Griffith no solo dirigió películas; inventó la gramática del cine que hoy damos por sentada. Pero como todo gran genio de la historia, su luz proyecta una sombra inmensa y oscura, una que lo persiguió hasta su tumba y que hoy, más que nunca, nos obliga a debatir sobre el poder y la responsabilidad del arte.

De dramaturgo fracasado a rey del cortometraje

Antes de ser el titán del cine, Griffith era un aspirante a escritor y actor con más sueños que éxitos. Nacido en Kentucky, hijo de un coronel confederado, creció con las historias nostálgicas y sesgadas de un Sur 'glorioso' perdido en la Guerra Civil. Esta crianza marcaría a fuego su obra más famosa y controvertida. Tras años intentando sin suerte triunfar en el teatro, la necesidad lo empujó a la puerta de una industria nueva y despreciada por los artistas 'serios': el cine. En 1908, entró en los estudios Biograph como actor y guionista, pero su mente inquieta vio el potencial que nadie más veía en esas cintas de un solo rollo.

Pronto, le dieron la oportunidad de dirigir. Y el mundo cambió. Entre 1908 y 1913, Griffith dirigió la asombrosa cifra de ¡más de 450 películas! en Biograph. Eran cortometrajes, sí, pero cada uno era un laboratorio de ideas. Fue aquí donde rompió todas las reglas. Sus jefes se horrorizaban. '¿Acercar tanto la cámara a los actores? ¡El público quiere verlos de cuerpo entero!', le decían. Pero Griffith insistió, creando el 'primer plano' (close-up) para capturar la emoción pura en el rostro de sus actrices fetiche, como Lillian Gish y Mary Pickford. Inventó el 'fundido' (fade in/out) para suavizar las transiciones, el 'iris' para enfocar la atención del espectador y, sobre todo, perfeccionó el 'montaje paralelo' (cross-cutting).

Esta última técnica fue revolucionaria. En películas como 'The Lonedale Operator', Griffith cortaba entre una mujer atrapada en una estación, los villanos intentando entrar y un tren de rescate a toda velocidad. El público se agarraba a sus asientos. ¡Era la primera vez que sentían suspenso cinematográfico! Estaba creando tensión, ritmo y una narrativa compleja al mostrar acciones simultáneas en lugares distintos. D.W. Griffith estaba, literalmente, escribiendo el manual de instrucciones del cine.

'El Nacimiento de una Nación': La obra maestra maldita




Con todas estas herramientas en su arsenal, Griffith sentía que los cortometrajes se le quedaban pequeños. Quería crear una epopeya, un 'relámpago escrito en la historia', como diría el presidente Woodrow Wilson. Y lo hizo. En 1915, estrenó 'El Nacimiento de una Nación', la primera superproducción de la historia. Con una duración de tres horas, un presupuesto sin precedentes y batallas a una escala nunca vista, la película fue un fenómeno cinematográfico y comercial. Narraba la Guerra Civil y la Reconstrucción desde el punto de vista de dos familias, una del Norte y una del Sur.

Técnicamente, era deslumbrante. Griffith aplicó todo lo aprendido para crear un espectáculo arrollador que dejó al público boquiabierto. Pero su contenido era veneno puro. Basada en una novela pro-sureña, la película presentaba una visión grotescamente racista de la historia. Los afroamericanos eran retratados como seres inferiores, brutos y peligrosos, mientras que los villanos de la segunda mitad eran los políticos del norte que abogaban por la igualdad racial. ¿Y los héroes? Los encapuchados del Ku Klux Klan, mostrados como valientes caballeros que salvaban a las mujeres blancas y restauraban el 'orden' en el Sur. Era la mitología de la 'Causa Perdida' convertida en un arma de propaganda masiva.

La reacción no se hizo esperar. La NAACP (Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color) organizó protestas masivas y disturbios en varias ciudades. La película fue prohibida en algunos lugares, pero su éxito fue imparable. Lo más trágico fue su impacto en el mundo real: 'El Nacimiento de una Nación' fue directamente responsable del resurgimiento y la masificación del Ku Klux Klan en el siglo XX, que usaba la película como herramienta de reclutamiento. La obra maestra técnica de Griffith se convirtió en una catástrofe social.

'Intolerancia': La disculpa más grande (y cara) de la historia

Herido y sorprendido por las acusaciones de racismo, Griffith decidió que su siguiente proyecto sería su respuesta. No una disculpa directa, sino una obra monumental contra el prejuicio y la hipocresía a lo largo de los tiempos. Así nació 'Intolerancia' (1916), posiblemente la película más ambiciosa jamás realizada. Griffith invirtió toda su fortuna personal en una epopeya colosal que entrelazaba cuatro historias separadas por milenios: la caída de Babilonia, la crucifixión de Cristo, la masacre de los hugonotes en Francia y una historia moderna sobre la injusticia social.

La escala era demencial. Para la sección de Babilonia, construyó decorados de casi cien metros de altura, con miles de extras. La estructura narrativa, saltando entre siglos, era de una complejidad que ni siquiera el cine actual se atreve a intentar a menudo. Era Griffith llevando su montaje paralelo al extremo absoluto. Artísticamente, era una proeza. Pero comercialmente, fue un fracaso estrepitoso. El público, acostumbrado a narrativas lineales, la encontró confusa y agotadora. Además, su mensaje pacifista chocó de frente con el fervor patriótico de una América a punto de entrar en la Primera Guerra Mundial. Griffith se arruinó.

United Artists y el lento fundido a negro



A pesar del revés de 'Intolerancia', Griffith seguía siendo una figura central en Hollywood. En 1919, en un acto de poder sin precedentes, se unió a las mayores estrellas del momento, Charles Chaplin, Mary Pickford y Douglas Fairbanks, para fundar su propio estudio: United Artists. La idea era dar a los artistas el control creativo sobre sus obras, lejos de las garras de los productores. Durante un tiempo, funcionó. Dirigió películas aclamadas y exitosas como 'Lirios Rotos' (1919), una delicada historia de amor interracial, y 'Las dos tormentas' (1920), famosa por su clímax en un río helado.

Sin embargo, el mundo del cine estaba cambiando, en parte gracias a él. El sistema de estudios que él había ayudado a crear se estaba volviendo más rígido y corporativo. Y entonces llegó el sonido. Los 'talkies' barrieron con el cine mudo, y Griffith, el maestro de la imagen y el gesto, se sintió perdido. Dirigió un par de películas sonoras, pero su estilo melodramático y sus sensibilidades victorianas parecían anticuadas. El hombre que había inventado el lenguaje del cine era incapaz de adaptarse a su nuevo dialecto. Poco a poco, su estrella se fue apagando. Pasó sus últimos años solo y olvidado en un hotel de Hollywood, un fantasma en la ciudad que él mismo había construido.

El Legado: ¿Cómo juzgamos a un genio problemático?

Entonces, ¿quién fue D.W. Griffith? No hay una respuesta fácil, y ahí reside la fascinación. Por un lado, es imposible negar su genio. Orson Welles, Martin Scorsese, Steven Spielberg... todos los grandes directores son, en cierto modo, sus herederos. Cada vez que una película crea suspense cortando entre dos escenas, cada vez que un primer plano nos hace sentir la angustia de un personaje, estamos viendo el eco de D.W. Griffith. Es, sin discusión, el padre de la narrativa cinematográfica.

Por otro lado, es el autor de una de las obras de propaganda más dañinas y racistas de la historia. Usó su revolucionario lenguaje para contar una mentira tóxica que envenenó la cultura estadounidense durante décadas. Su legado nos obliga a hacer la pregunta más incómoda sobre el arte: ¿podemos separar al artista de su obra? ¿Podemos celebrar la innovación técnica ignorando el mensaje de odio? La respuesta, hoy más que nunca, parece ser un rotundo no. La historia de D.W. Griffith no es solo la historia del nacimiento del cine; es una lección eterna sobre el inmenso poder de una cámara y la profunda responsabilidad que conlleva empuñarla.

5 de julio de 2026

Rodolfo Valentino: La Leyenda del Primer Latin Lover de Hollywood




En el panteón de las estrellas de Hollywood, pocas han brillado con la intensidad y el misterio de Rodolfo Valentino. Nacido como Rodolfo Pietro Filiberto Raffaello Guglielmi di Valentina d'Antonguella el 6 de mayo de 1895 en Castellaneta, Italia, su vida fue una odisea que lo llevó desde un pequeño pueblo italiano hasta la cima del estrellato en el cine mudo. Conocido como el primer "Latin Lover" de la historia del cine, su magnética presencia en pantalla y su exótica belleza cautivaron a las audiencias de todo el mundo, redefiniendo el concepto del galán cinematográfico. 

De Italia a América: Los Primeros Años

Hijo de un veterinario militar italiano y una madre francesa, el joven Rodolfo era descrito como un niño mimado y un estudiante problemático. Tras una breve y fallida estancia en París, donde gastó rápidamente su dinero, su familia decidió que su futuro estaba en Estados Unidos. En 1913, con 18 años, llegó a la Isla de Ellis, en Nueva York, sin apenas hablar inglés. Los primeros años en América fueron difíciles; trabajó como jardinero, camarero y lavaplatos para sobrevivir, llegando incluso a dormir en bancos de parques. Su suerte comenzó a cambiar cuando empezó a trabajar como bailarín de salón y "taxi dancer", donde su elegancia y atractivo llamaron la atención de la alta sociedad neoyorquina.

Un escándalo lo impulsó a dejar Nueva York. Se vio envuelto en el divorcio de la heredera chilena Blanca de Saulles, quien asesinó a su esposo. Valentino testificó a favor de ella, lo que resultó en su propio arresto por cargos de vicio, probablemente por instigación del exmarido de Blanca. Buscando un nuevo comienzo, se trasladó a Hollywood en 1917, donde comenzó a conseguir pequeños papeles en películas, a menudo interpretando a villanos o gánsteres debido a su apariencia exótica.

El Ascenso al Estrellato




La gran oportunidad de Valentino llegó en 1921, cuando la influyente guionista June Mathis lo eligió para el papel de Julio Desnoyers en la película "Los cuatro jinetes del Apocalipsis", basada en la novela del escritor español Vicente Blasco Ibáñez. La película fue un éxito rotundo y la escena en la que Valentino baila un tango lo catapultó a la fama internacional, convirtiéndolo en un símbolo sexual de la noche a la mañana.


Ese mismo año, consolidó su imagen de "Latin Lover" con el papel protagónico en "El jeque". En esta película, interpretaba a un jeque árabe que secuestra a una mujer de la alta sociedad, encendiendo las fantasías de millones de espectadoras. El éxito de "El jeque" fue monumental y definió su carrera, su imagen y su legado. Le siguieron otros éxitos como "Sangre y arena" (1922), también basada en una novela de Blasco Ibáñez, donde interpretaba a un torero español.

Vida Personal: Amores y Controversias

La vida amorosa de Rodolfo Valentino fue tan tumultuosa como su carrera. En 1919, se casó impulsivamente con la actriz Jean Acker, pero el matrimonio, que supuestamente nunca se consumó, duró apenas un mes. Acker era, según se rumoreaba, amante de la actriz Alla Nazimova. En 1923, se casó con la diseñadora de vestuario y directora de arte Natacha Rambova. Su relación fue apasionada pero también conflictiva. Rambova ejercía una gran influencia sobre la carrera de Valentino, lo que no siempre fue bien visto por los estudios ni por los amigos del actor. Su matrimonio terminó en un amargo divorcio en 1925. Valentino también fue acusado de bigamia al casarse con Rambova sin haber esperado el año legalmente requerido en California tras su divorcio de Acker, lo que lo llevó a pasar tres días en la cárcel.



Una Muerte Súbita y un Legado Eterno

En la cima de su fama, la tragedia golpeó. El 15 de agosto de 1926, Valentino colapsó en un hotel de Nueva York. Fue diagnosticado con apendicitis y úlceras gástricas y fue operado de urgencia. Sin embargo, desarrolló peritonitis, una grave infección. El 23 de agosto de 1926, Rodolfo Valentino murió a la edad de 31 años. Su muerte desató una ola de histeria colectiva sin precedentes. Se estima que unas 100.000 personas acudieron a su funeral en Nueva York, provocando disturbios y escenas de dolor masivo. Los periódicos informaron de suicidios de admiradoras desconsoladas.

El legado de Rodolfo Valentino perdura. Es considerado la primera gran estrella masculina de Hollywood y el primer actor en generar el fenómeno fan a escala mundial. Su imagen de "Latin Lover" rompió con el molde del héroe anglosajón y abrió las puertas a un nuevo tipo de galán en el cine. Su influencia es tal que su nombre sigue siendo sinónimo de seducción y exotismo. A pesar de su corta carrera, protagonizó películas que se han convertido en clásicos del cine mudo, como "Los cuatro jinetes del Apocalipsis" y "El hijo del jeque" (1926), su última película. Su tumba en el Hollywood Forever Cemetery sigue siendo un lugar de peregrinación para sus admiradores, manteniendo viva la llama de la primera y más icónica estrella latina de Hollywood.

1 de julio de 2026

Musidora: La Diosa de la Noche que Inventó a la 'Vamp' y Sedujo al Surrealismo

 

La Sombra que Hipnotizó a París

En el París de la Belle Époque, una ciudad de luces, cancán y absenta. Y de repente, en la penumbra de las primeras salas de cine, emerge una figura que lo cambiaría todo. Vestida con un leotardo de seda negro que se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, con los ojos perfilados de carbón oscuro y una mirada que prometía tanto peligro como placer. No era una actriz, era un manifiesto. Era Musidora, la mujer que no interpretó a la primera 'vamp' del cine; ella la inventó, la esculpió y la convirtió en un ícono eterno.

Pero reducir a Musidora a la sombría Irma Vep de la serie 'Les Vampires' sería como decir que el Louvre solo tiene la Mona Lisa. Detrás de la femme fatale había una artista total: directora, productora, escritora, pintora y, finalmente, guardiana de la memoria del cine. Su historia es la de una pionera audaz que navegó un mundo de hombres, la de una musa que inspiró a la vanguardia surrealista y la de un enigma que, más de un siglo después, sigue fascinándonos. 

De Jeanne Roques a la 'Musidora' de Gautier


Antes de ser la encarnación del pecado en celuloide, fue Jeanne Roques, nacida en París en 1889. Hija de un compositor y una teórica feminista, Jeanne creció en un ambiente bohemio e intelectual que cultivó su espíritu libre y su pasión por todas las artes. Desde joven, escribió su primera novela a los quince años y demostró talento para el dibujo y la pintura. El escenario la llamó pronto, actuando en cabarets y teatros de poca monta, pero ella sabía que su destino era más grande. Fue en este período cuando adoptó su nombre artístico, 'Musidora', inspirado en la heroína de la novela 'Fortunio' de Théophile Gautier. El nombre significaba 'regalo de las musas', y no podría haber sido más profético.

Su encuentro con el prolífico director Louis Feuillade fue el catalizador que desataría su poder en la pantalla. Feuillade, un maestro del cine serial de crímenes y misterio, vio en ella algo más que una cara bonita; vio una presencia magnética, una inteligencia felina y una fotogenia que traspasaba la cámara. La contrató para la productora Gaumont y, aunque sus primeros papeles fueron modestos, el universo estaba a punto de conspirar para crear una leyenda.

El Nacimiento de un Arquetipo: Irma Vep y 'Les Vampires'


En 1915, mientras Europa se desangraba en la Primera Guerra Mundial, Feuillade estrenó 'Les Vampires', una serie de 10 episodios sobre una sociedad secreta de criminales que aterrorizaba París. El protagonista era un periodista, pero nadie lo recuerda. La verdadera estrella, la que robó cada escena, fue Musidora en el papel de Irma Vep (un anagrama perfecto de 'vampire'). Irma Vep no era una vampiresa sobrenatural, sino algo mucho más inquietante: una ladrona, una asesina y una maestra del disfraz que se movía por los tejados de París con una agilidad casi inhumana.

El impacto fue sísmico. Su vestimenta, el icónico leotardo negro, fue una creación de la propia Musidora. Era práctico para las escenas de acción, pero visualmente era una bomba de modernidad y erotismo. Representaba la libertad de movimiento, una ruptura con los corsés victorianos y una silueta andrógina y poderosa que desafiaba las convenciones de la feminidad de la época. Irma Vep era inteligente, independiente y letal. El público, especialmente los soldados en las trincheras, se obsesionó con ella. Musidora se convirtió en la primera 'femme fatale' global, el arquetipo de la 'vamp' que luego sería replicado por actrices como Theda Bara en Hollywood y que sigue vigente hasta nuestros días.

Más Allá de la Sombra: Directora, Productora, Creadora


Musidora no era una marioneta en manos de un director. Era una fuerza creativa con una visión propia. Tras el éxito de 'Les Vampires' y 'Judex' (otra colaboración con Feuillade), aprovechó su fama y su poder para tomar las riendas de su carrera. En 1919 fundó su propia productora, 'Les Films Musidora', convirtiéndose en una de las primeras mujeres en la historia del cine en dirigir, producir, escribir y protagonizar sus propias películas. Una hazaña monumental en una industria abrumadoramente masculina.

Su fascinación por España la llevó a adaptar dos obras de la escritora francesa Colette: 'La vagabunda' y 'La usurpadora'. Para estos proyectos, Musidora se trasladó a España, filmando 'Sol y Sombra' y 'La Tierra de los Toros'. En estas películas, exploró temas de independencia femenina y se sumergió en la cultura andaluza, colaborando con el torero Antonio Cañero. Estas obras, aunque menos conocidas que sus seriales con Feuillade, demuestran su ambición artística y su deseo de contar historias desde una perspectiva femenina, lejos del cliché de la 'vamp' que la había hecho famosa.

El Ícono Involuntario del Surrealismo

Mientras Musidora construía su carrera, un grupo de jóvenes artistas y poetas rebeldes la observaba con devoción. André Breton, Louis Aragon y el resto del grupo surrealista vieron en ella mucho más que una actriz popular. Para ellos, Irma Vep no era solo un personaje; era la encarnación del 'amour fou' (el amor loco), un espíritu libre que operaba fuera de las leyes de la burguesía y la lógica. Era la mujer moderna, misteriosa, peligrosa y liberada, un sueño febril caminando por los tejados de la realidad.

Breton y Aragon le dedicaron el texto 'Le Trésor des Jésuites', donde la elogiaban como 'la décima musa'. Su imagen aparecía en sus obras y se convirtió en un faro para el movimiento. Es fascinante pensar que, mientras Musidora se esforzaba por ser reconocida como una cineasta seria, se convertía, sin buscarlo, en la musa de la vanguardia más radical de su tiempo. Ella representaba el poder subversivo de la imaginación y el deseo, principios fundamentales del surrealismo.

El Silencio y la Memoria: Sus Últimos Años

La llegada del cine sonoro marcó el declive de su carrera como actriz. Su estilo interpretativo, basado en el gesto y la mirada, pertenecía al mundo del silencio. Lejos de lamentarse, Musidora se reinventó una vez más. Se dedicó al teatro, escribió obras y novelas, y, en un acto de profunda conexión con su arte, dedicó sus últimos años a la preservación de la historia del cine. A partir de 1944, trabajó codo con codo con Henri Langlois en la prestigiosa Cinémathèque Française. La mujer que había sido uno de los primeros grandes íconos del cine se convirtió en una de sus más devotas archivistas, ayudando a salvar del olvido las películas que la habían visto nacer como estrella.

Musidora falleció en 1957, dejando un legado incalculable. Fue la plantilla sobre la que se construirían incontables femmes fatales, desde las divas del cine negro hasta las antiheroínas modernas. Fue una pionera que demostró que una mujer podía ser la dueña de su propia imagen y de su destino creativo. Y fue, por encima de todo, un espíritu indomable que entendió el poder del misterio. En un mundo que exige explicarlo todo, Musidora nos recuerda que la verdadera fascinación reside en las sombras, en lo que no se dice, en la promesa de un secreto que se esconde detrás de una mirada oscura.

2 de julio de 2023

F.W. Murnau #3: Un Exótico Sueño Truncado

 Parte 1 / Parte 2 / Parte 3


Hay pocos nombres que brillen tan intensamente en el universo cinematográfico, como el de F.W. Murnau. Su narrativa visionaria, técnicas innovadoras y habilidad sin igual para capturar la esencia de la experiencia humana siguen resonando con las audiencias incluso en la actualidad. Pero, ¿qué yace bajo la enigmática fachada de este legendario cineasta? Permítanos embarcarnos en un viaje fascinante a través de la vida y obra de un artista que alteró para siempre el panorama del cine. 

Un Exótico Sueño Truncado


Rochus Gliese, Friedrich Wilhelm Murnau, Carl Mayer, Julius Aussenberg, Junio 1926.

Murnau cruzó el Atlántico por segunda vez en junio de 1926, dispuesto a embarcarse en su última empresa en la tierra de los sueños: Hollywood. ¿Su destino? Los prestigiosos estudios de cine Fox. Con un contrato que exigía que solo Carl Mayer escribiera el guion de su nuevo proyecto, Murnau estaba decidido a dejar su huella en la industria cinematográfica estadounidense.

La obra maestra que surgió de esta colaboración fue "Amanecer: Canción de dos seres" (1927), un relato de seducción, redención y las complejidades del amor. Murnau tejió una narrativa alrededor de un hombre que se ve cautivado por una femme fatale de la bulliciosa ciudad, pero que finalmente regresa a su devota esposa. La profunda exploración de las emociones humanas en la película conmovió al público, obteniendo elogios de la crítica y tres codiciados premios Óscar.

Sunrise (1927)

Después de completar "Amanecer", Murnau se retiró a Berlín, saboreando el éxito y el reconocimiento que había acompañado su debut en América. Pero su espíritu creativo permaneció inquieto y, en diciembre del mismo año, se sumergió de lleno en los preparativos de su próximo proyecto ambicioso bajo el sello de Fox: "4 Diablos" (1928). Esta joya cinematográfica se desarrollaba en el fascinante mundo de los artistas circenses, prometiendo cautivar al público con su singular mezcla de drama y espectáculo.

Si bien "Amanecer" había recibido elogios de la crítica, su desempeño en taquilla dejó a Murnau en una encrucijada. Obligado a hacer concesiones para "4 Diablos", se encontró luchando con cambios en el final de la película, una decisión influenciada por una encuesta realizada por los estudios Fox. Desafortunadamente, el destino tenía otros planes y "4 Diablos" se ha perdido en los anales del tiempo, dejándonos preguntándonos acerca del genio no contado que yace en sus fotogramas.

4 Devils (1928)

La brecha entre Murnau y los estudios Fox se profundizó durante la producción de "City Girl" (1930). Esta vez, el cambiante panorama del cine dictaba que ciertas escenas fueran regrabadas como una película sonora, una consecuencia inevitable de la transición al sonido. Fue durante este período turbulento que Murnau se cruzó con Robert J. Flaherty, un renombrado documentalista. Una desilusión compartida con las condiciones de trabajo asfixiantes de Hollywood encendió una chispa entre los dos artistas visionarios.

En un momento de serendipia, Murnau y Flaherty idearon un plan audaz: aventurarse en los encantadores paisajes del Pacífico Sur y crear una película que encapsulara su visión artística. Y así nació "Tabú". Con una ambición desbordante y una sed de autenticidad, el dúo se dispuso a capturar la esencia de la belleza inexplorada y tejer un relato que trascendiera las barreras culturales.

Robert J. Flaherty y Murnau.

Embarcándose en una odisea cinematográfica ambiciosa, F.W. Murnau y Robert J. Flaherty se hicieron a la mar en aguas inexploradas con su gran proyecto ambientado en las encantadoras Islas del Sur. El dúo, alimentado por una creatividad ilimitada, fundó Flaherty-Murnau Productions, listo para cautivar al público con su visión.

Su guion inicial, adecuadamente titulado "Turia", sentó las bases prometedoras para su atrevida aventura. Para dar vida a su visión, Murnau hizo un movimiento extraordinario: compró un goleta de dos mástiles y obtuvo una licencia de capitán. Con su majestuoso yate, cariñosamente llamado "Bali", se embarcó en un viaje inolvidable, partiendo desde Los Ángeles hacia el paraíso tropical de Tahití. Flaherty, atraído por el encanto del proyecto, se unió a Murnau poco después, listo para conquistar territorio desconocido.

Rodando en Tahiti para la película Tabu (1931)

Sin embargo, como suele suceder, el curso de su narrativa tomó un giro inesperado. El proyecto sufrió un contratiempo imprevisto cuando la compañía financiera Colorart se declaró en bancarrota. La adversidad acechaba y el guion sufrió una transformación dramática. El relato de la explotación tahitiana a manos de pescadores chinos de perlas se convirtió en una narrativa que exploraba los delicados hilos del amor y el peso de los tabúes sociales.

Mientras Murnau y Flaherty impulsaban el proyecto, sus visiones artísticas comenzaron a divergir. Las turbulentas aguas de las diferencias creativas llevaron a Flaherty a abandonar la empresa, dejando a Murnau navegando en aguas traicioneras. Sin dejarse intimidar por la desalentadora perspectiva de financiar la película de manera independiente, Murnau se comprometió a llevar su sueño a buen puerto, enfrentando la incertidumbre financiera y avanzando con una determinación inquebrantable.

Murnau con residentes de la isla de Tahiti.

A pesar de las tensiones económicas que agobiaban a Murnau, la finalización del rodaje marcó un hito significativo. Paramount, reconociendo la genialidad tejida en la trama del proyecto, adquirió ansiosamente los derechos de la película, ofreciendo a Murnau un tentador contrato de diez años. Un destello de esperanza surgió cuando el arduo viaje de Murnau parecía culminar en un triunfo. Se hizo a la mar de regreso a Los Ángeles, preparándose para negociar y deleitarse en la gloria de su inminente estreno.

Trágicamente, el destino tenía otros planes. El intrincado tapiz de la vida de Murnau se rompió abruptamente justo cuando sus sueños alcanzaban su cenit. Un giro fatal de los acontecimientos, una cruel vuelta del destino. El viaje de Murnau a Europa y el esperado estreno de "TABU" en el Central Park Theater de Nueva York nunca se llevarían a cabo. En ese fatídico día, el 11 de marzo de 1931, un implacable y devastador accidente automovilístico silenció para siempre la voz del visionario cineasta, a los 42 años de edad.

Tras se velado en Hollywood y trasladado sus restos a Alemania para su entierro, los dolientes se reunieron para despedir al extraordinario talento que fue Friedrich Wilhelm Murnau. Mientras era sepultado el 13 de abril de 1931, en el sereno abrazo del Cementerio Waldfriedhof Stahnsdorf de Berlín, una sensación de profunda pérdida envolvió al mundo cinematográfico. Entre aquellos que rendían sus respetos estaban los estimados colegas de Murnau: Emil Jannings, Robert Herlth y Walter Röhrig; Erich Pommer, Rochus Gliese y Robert J. Flaherty; y Carl Mayer, cada uno llevando consigo un pedazo del legado de Murnau en lo más profundo de sus corazones. En un conmovedor homenaje, el aclamado director Fritz Lang se adelantó, pronunciando un elogio que resonaba con el profundo impacto que Murnau había dejado atrás.

Emil janings en el funeral de Murnau en Alemania.

Al reflexionar sobre la extraordinaria vida de F.W. Murnau, se nos recuerda que el verdadero genio no conoce límites. Su espíritu indomable, inmortalizado para siempre a través de sus innovadoras películas, continúa inspirando y cautivando a audiencias de todo el mundo. Celebremos por siempre el enigmático viaje de este cineasta extraordinario, cuya pasión iluminó las sombras y transformó para siempre el mundo del cine.





25 de junio de 2023

F.W. Murnau #2: El Camino a la Grandeza

 Parte 1 / Parte 2 / Parte 3

Hay pocos nombres que brillen tan intensamente en el universo cinematográfico, como el de F.W. Murnau. Su narrativa visionaria, técnicas innovadoras y habilidad sin igual para capturar la esencia de la experiencia humana siguen resonando con las audiencias incluso en la actualidad. Pero, ¿qué yace bajo la enigmática fachada de este legendario cineasta? Permítanos embarcarnos en un viaje fascinante a través de la vida y obra de un artista que alteró para siempre el panorama del cine. 


El Camino a la Grandeza

A su regreso a Berlín en 1919, Friedrich Wilhelm Murnau emprendió un nuevo capítulo en su carrera como director de cine. Colaborando con Ernst Hofmann, su antiguo colega del Deutsche Theater, el debut directorial de Murnau se hizo realidad con "Der Knabe in Blau" (El niño en azul) en el mismo año. Inspirado en la pintura rococó del mismo nombre, creada por el pintor inglés Thomas Gainsborough, y la obra literaria de Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Gray, la película teje una historia de un noble empobrecido atrapado por la maldición de un cuadro, donde cree ver reflejada su imagen en un retrato ancestral.

Para finales de 1921, Murnau ya había dirigido diez largometrajes, de los cuales cinco mostraban el talento de Conrad Veidt, un actor con quien Murnau compartía una amistad de larga data desde sus días en los teatros Reinhardt. Obras como "Satanas" (1919-20), "Der Januskopf" (La burla del amor) y "Abend - Nacht - Morgen" (Noche - Tarde - Mañana), todas bajo la dirección de Murnau, consolidaron aún más la reputación de Veidt como un hábil intérprete de personajes diabólicos y demoníacos.

La posguerra de la Primera Guerra Mundial presenció un florecimiento de la industria cinematográfica, a medida que se levantaban las restricciones de censura y la población buscaba evasión y entretenimiento. Las películas de aventuras y crimen eran particularmente populares entre el público de la época, y las primeras obras de Murnau abrazaron estas tendencias, a menudo con escenarios exóticos y narrativas de crimen fascinantes. Desafortunadamente, solo tres de las películas de Murnau de los años 1919 a 1921 han sobrevivido hasta nuestros días, dejando siete relegadas a los anales del cine perdido.

Murnau emprendió un viaje colaborativo con la renombrada guionista Thea von Harbou en 1921. Su primera empresa conjunta, "Der Brennende Acker" (La tierra en llamas) en 1921/22, retrató las vidas contrastantes de un campesino tradicional y un aristócrata mundano, explorando las ambiciones que los impulsan. El siguiente proyecto de la pareja, "Phantom" en 1922, indagó en el tema del amor no correspondido, girando en torno a un funcionario municipal atrapado en las garras de la desilusión amorosa. Esta narrativa dramática se desarrolló en el trasfondo del choque entre los mundos burgués y proletario, hábilmente adaptada por von Harbou misma de la novela homónima de Gerhart Hauptmann.

Sombras utilizadas para la películas Phantom (1922)

En marzo de 1922, la obra maestra de Murnau, "Nosferatu", hizo su gran debut en Berlín. Esta icónica película de vampiros sigue ejerciendo su influencia en el cine de género en todo el mundo hasta el día de hoy. La atmósfera inquietante y siniestra que impregna la película fue meticulosamente creada gracias a los esfuerzos colaborativos de Murnau, su guionista Henrik Galeen y el talentoso diseñador de vestuario y director de arte, Albin Grau. Grau, quien también incursionó en el diseño de escenografía, la pintura y el espiritismo, estableció su compañía de producción, Prana Film, para dar vida a esta obra maestra terrorífica y eterna.

Nosferatu era una adaptación libre de Drácula, la obra de terror victoriana escrita por Bram Stoker. A pesar del rotundo éxito, la viuda de Bram Stoker, Florence Balcombe, fue notificada de la existencia de este film, por lo que prontamente demandó a la compañía Prana por infringir los derechos de autor vigentes para la obra de su difunto marido. Blacombe ganó el juicio, consioguiendo la destrución absoluta de todas las copias del film distribuidas en Alemania. Sin embargo, sabemos  que muchas copias sobrevivieron hasta hoy, agrandando el mito del vampito y de Murnau.

Max Shreck en el set de Nosferatu (1922)

Tras estos primeros éxitos, Murnau dirigió "Die Austreibung" (La expulsión) en 1923, una cautivadora historia sobre las luchas de los campesinos, y "Die Finanzen des Grossherzogs" (Las finanzas del Gran Duque) en 1923/24, una comedia ligera. Sin embargo, fue el inicio del rodaje de "Der Letzte Mann" (El último hombre) en mayo de 1924 lo que llevó a Murnau al centro de atención internacional, marcando un punto de inflexión en su carrera. Escrito por Carl Mayer, uno de los guionistas de habla alemana más influyentes de la época, esta película cuenta la historia de un portero de hotel degradado obligado a convertirse en un asistente de lavabos.

Murnau y Karl Freund en el set de The Last Laugh (1924)

Para "Der Letzte Mann", Murnau reunió a un equipo excepcional, incluyendo al director de fotografía Karl Freund y a los diseñadores de producción Robert Herlth y Walter Röhrig. El papel principal fue interpretado magistralmente por Emil Jannings. La película fue producida por Erich Pommer, quien había sido un firme apoyo de Murnau desde su colaboración en "Schloss Vogelöd" (El castillo encantado) en 1921.

La producción de "Der Letzte Mann" mostró la pasión desenfrenada de Murnau por la experimentación, con técnicas innovadoras como el uso de una cámara en movimiento, creando un tapiz visual que cautivó a la audiencia. Además, en este película creó una narrativa casi 100% visual, con ausencia de intertítulos, elemento característico del cine mudo, pero que hábilmente no utilizó para basar todo el poder interpretativo en un eficiente y desatado Jannings. Incluso antes de su estreno mundial en Berlín, la película obtuvo elogios de la crítica cuando se proyectó a la prensa en Nueva York a principios de diciembre de 1924, estableciendo la reputación internacional de Murnau.

Emil Jannings en The Last Laugh (1924)

El productor de Ufa, Erich Pommer, y su talentoso equipo se reunieron con Murnau para su último proyecto, la fascinante película "TARTÜFFE" (Tartufo, el hipócrita) en 1925. La obra maestra cómica de Molière sufrió una magnífica transformación, convirtiéndose en una "película dentro de una película". Una peculiar ama de llaves de un anciano trama estafar a su nieto de su herencia legítima. Para desenmascarar su engaño, el nieto se disfraza como un artista ambulante, fascinando a su abuelo con una película que muestra el manipulativo y perverso carácter del señor Tartufo. Para preparar el escenario de esta notable película, Ufa desplegó todos sus recursos, lanzándola con un gran estreno en el ilustre Gloria Palast de Berlín, un verdadero evento social que dejó a la audiencia expectante.

Faust (1926)

Pero el viaje creativo de Murnau no se detuvo ahí. Su siguiente proyecto, "FAUST" (1925/26), fue el ambicioso intento de Ufa de cautivar el mercado cinematográfico internacional. A pesar de las limitaciones financieras de la compañía, destinaron una asombrosa suma de dos millones de marcos para esta prestigiosa producción. Después de todo, el inmortal cuento de Goethe sobre "Fausto" se consideraba una garantía segura para el éxito del sofisticado cine alemán. Una vez más, liderando el camino estaba el incomparable Emil Jannings, una estrella experimentada de Hollywood que agregó su innegable encanto a la mezcla. Con la dirección visionaria de Murnau, la película se convirtió en un espectáculo visual, utilizando ingeniosas técnicas de cámara y efectos especiales que transportaban al público a un mundo de magia y asombro.

Poco sabía Ufa que "FAUST" sería la crónica de una muerte anunciada de Murnau para el estudio alemán. Después de un viaje innovador a Estados Unidos a principios de 1925, Murnau firmó un contrato con nada menos que el productor cinematográfico William Fox. Para cuando llegó el gran estreno de "FAUST" en Berlín en octubre de 1926, Murnau ya había puesto un pie en Hollywood, listo para embarcarse en un nuevo capítulo de su ilustre carrera. Sin embargo, su amor por Berlín permaneció intacto y regresó en el verano de 1927, con la esperanza de una nueva colaboración con Ufa. Pero el destino tenía otros planes y el proyecto no se materializó, dejando a Murnau con plena libertad de consciencia para continuar explorando y disfrutar de los nuevos logros que ya estaba cosechando en el deslumbrante mundo del cine estadounidense.

Murnau se fue de Alemania ya como una estrella, pero el real destape lo esperaría al otro lado del atlántica. Esto y mas te lo contaremos el próximo domingo en la parte 3 de esta serie homenaje a Murnau.


18 de junio de 2023

F.W. Murnau #1: El Genio Antes del Genio.

 Parte 1 / Parte 2 / Parte 3

Hay pocos nombres que brillen tan intensamente en el universo cinematográfico, como el de F.W. Murnau. Su narrativa visionaria, técnicas innovadoras y habilidad sin igual para capturar la esencia de la experiencia humana siguen resonando con las audiencias incluso en la actualidad. Pero, ¿qué yace bajo la enigmática fachada de este legendario cineasta? Permítanos embarcarnos en un viaje fascinante a través de la vida y obra de un artista que alteró para siempre el panorama del cine.

El Genio Antes del Genio

Nacido el 28 de diciembre de 1888 como Friedrich Wilhelm Plumpe en Bielefeld, Alemania. Su padre, Heinrich Plumpe, respetado fabricante de textiles, y su madre Ottilie, una antigua maestra, proporcionaron una sólida base familiar para un jóven Murnau, que mostró desde temprana edad una inclinación por las artes. Junto a sus dos hermanos, Robert y Bernhard, y sus hermanastras, Ida y Anna, Murnau experimentó las altas y bajas de la vida mientras la familia se trasladaba de Bielefeld a Kassel entre 1891 y 1892.

Robert, Friedrich Wilhelm, Bernhard, su padre Heinrich Plumpe y Anna.

Impulsado por una sed incesante de conocimiento y una ardiente pasión por las artes, Murnau emprendió un viaje académico que comenzó en la Universidad de Berlín en 1907. Sin embargo, su espíritu inquieto pronto lo llevó a Heidelberg, donde buscaba explorar nuevos horizontes y descubrir los secretos de su propio potencial creativo. Su imaginación vagaba libremente por las páginas de la literatura, encendiendo una pasión por contar historias que moldearía su destino. Fascinado por las obras de Friedrich Nietzsche y Johann Wolfgang von Goethe, Murnau desarrolló una profunda apreciación por la psique humana, que más tarde encontraría su expresión en sus películas.

Mientras estudiaba filología, historia del arte y literatura en la Universidad de Heidelberg, el espíritu creativo de Murnau anhelaba algo más tangible. Buscaba un medio que le permitiera transmitir sus pensamientos y emociones más profundas. Durante su experiencia universitaria, fue cuando descubrió su vocación en el mundo del teatro. Murnau se sumergió en la actuación y el diseño de escenarios, perfeccionando sus habilidades y explorando el poder transformador de la narración visual.

Fue en este tiempo, cuando el nombre de Murnau realmente apareció, pues cambió su nombre original a ese pseudónimo para evitar dolores de cabeza a su conservadora familia, que podían ver con ojos preocupantes las presentaciones teatrales de Murnau. El nombre fue inspirado por una pequeña localidad en la región de Baviera, con hermosos parajes, y que conoció en un paseo pedalero con su entrañable amigo, Hans Ehrenbaum-Degele.

Hans, compañero de estudios de Heidelberg y heredero de un acaudalado banquero de Berlín, no solo era un espíritu afín, sino también una fuerza creativa en sí mismo. Sus primeros poemas habían adornado las páginas de la prestigiosa revista cultural de Herwarth Walden, "Der Sturm" (La Tormenta), causando revuelo en los círculos vanguardistas de la época. A través de su amor compartido por el arte, Murnau y Hans forjaron un vínculo que trascendía las barreras sociales.

Hans Ehrenbaum-Degele, Mary Ehrenbaum, F. W. Murnau y Fritz Ehrenbaum. Campo Militar de Entrenamiento, Döberitz, Verano 1913

Durante una actuación estudiantil en Heidelberg, fue que Murnau atrajo la mirada perspicaz de nada menos que Max Reinhardt, el ilustre director. Reinhardt, cautivado por el talento y la presencia de Murnau, le extendió una rara invitación: la oportunidad de unirse a su prestigiosa escuela de actores en Berlín. Así comenzó a desplegarse el viaje artístico de Murnau, pintando el telón de fondo de sus futuros proyectos.

En el corazón de la vibrante subcultura bohemia de Berlín, un joven F.W. Murnau se encontró envuelto en una red de fervor artístico, amistades apasionadas y un amor que moldearía su destino. Fue dentro de este cautivador mundo que el verdadero yo de Murnau comenzó a emerger.

En el caleidoscopio de los círculos artísticos de Berlín, la homosexualidad de Murnau encontró un refugio, protegido de las miradas indiscretas de una sociedad lidiando con las sombras del prejuicio. Berlín, en aquellos días, se erigía como un faro de aceptación, un refugio donde el verdadero yo podía florecer.


Pero como el destino lo tendría, las crueles garras de la guerra se cernieron sobre su existencia idílica. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, la carrera teatral de Murnau se detuvo abruptamente. El deber llamó y él atendió su sombría convocatoria, arrastrado por la obligación. Como tantos otros, marchó hacia el frente, dejando atrás el mundo artístico que lo había abrazado con fervor.

En medio del caos y la desesperación, la tragedia golpeó. Hans, su amante y amigo más querido de Murnau, cayó en el frente ruso en 1915, silenciando para siempre una voz de inmensa creatividad. La pérdida fue profunda, dejando un vacío en el alma de Murnau que nunca sanaría por completo. La guerra continuó su implacable dominio y Murnau se encontró sirviendo como comandante de reserva en Letonia, siendo testigo de los horrores de la batalla de primera mano.

Pero incluso en medio de la desolación, el espíritu artístico de Murnau perduró. En 1918, mientras estaba arrestado y recluido en Suiza en un campo de prisioneros de guerra, escribió su primer guion cinematográfico, un destello de esperanza en medio de la oscuridad. El guion insinuaba la brillantez imaginativa que más tarde definiría su legado cinematográfico.

Con el fin de la guerra, Murnau regresó a Berlín a principios de 1919, una ciudad devastada por el conflicto pero palpitante de una energía recién descubierta. Fue en este momento de vulnerabilidad e incertidumbre que Mary Ehrenbaum, la madre de su amado Hans, le ofreció una mano compasiva. Invitó a Murnau a residir en su opulenta villa enclavada en Berlín-Grunewald, un santuario donde los recuerdos de Hans se mezclaban con los susurros de la inspiración.

Murnau como comandante de reserva (centro), Dvina Occidental, Letonia, Febrero 1916

A contar de ahora, Murnau recién entraría en su etapa de cineasta en Alemania, pero esa sección de la historia te la contamos el próximo domingo en la parte 2. 😁